sábado, 2 de mayo de 2015

MR. GIULIANI COMES TO MEDELLÍN...


Fuente: http://www.mdeinteligente.co/estrategia/visita-santos-ex-alcalde-nueva-york-medellin-seguridad-ciudadana-puntos-calientes/ 


Por: Gonzalo Galindo Delgado

Hace quince años, se publicaba en una edición para América Latina el clásico del sociólogo francés Loic Wacquant, titulado ¨Las cárceles de la miseria¨. El prefacio, intitulado ¨Mr. Bratton comes to Buenos Aires¨, constituyó una denuncia del programa evangelizador que adelantaban los padres de la ¨Tolerancia cero¨ en los países del sur. Programa que, por otro lado, había demostrado ser un fracaso en New York dada su marcada orientación racista y represiva (¨nadie es profeta en su propia tierra¨ decía Wacquant). En esa ocasión, el mercenario de turno era Mr. Bratton, jefe de la policía de New York durante la administración de Rudolph Giuliani, quien, por cierto, hasta hace pocos días se paseaba por el centro de Medellín. La gestión de estos dos personajes en la ciudad de New York, evidenciaba, según Wacquant, que la desregulación económica iba de la mano de la hiper-regulación penal. Como decía su maestro, Pierre Bourdieu, a la mano invisible del mercado la acompaña el puño de hierro de la represión punitiva.

Por estos días, después de esa remota advertencia, algunos sucesos le otorgaron vigencia a la reflexión de Wacquant. Uno de ellos, en la Plaza Botero, lugar emblemático de la ciudad que sería el escenario de una anécdota tremendamente expresiva de algunos de los problemas fundamentales de la urbe y el país: globalización, desigualdad, exclusión, educación, precariedad laboral, seguridad ciudadana, por solo mencionar algunos.

Tal historia podría ser perfectamente graficada a la manera de una fábula o un chiste de aquellos en los que normalmente hay tres personajes. En nuestro caso: el pobre, el empresario y el Estado.

Allí, en las inmediaciones del Museo de Antioquia y del viaducto del metro, se ha configurado un sector plagado de comercio informal en donde, entre otras cosas, se venden toda clase de prendas de vestir de las que llamamos ¨chiveadas¨. Artículos que se hacen pasar por marcas como nike, adidas, puma, entre otras de aquellas que se producen a granel en diversas maquilas del sur global. Además, quienes ofrecen esos productos son los excluidos de la ciudad, que normalmente viven en los barrios marginales y acuden a la médula de la metrópoli con el ánimo de ganarse algún que otro peso que les permita sobrellevar la existencia.

Uno de esos vendedores es Juan Fernando (el pobre), un ´pelao´ que, se supone, debería estar formándose en una institución de educación superior, en vez de estar en el azaroso mundo del comercio citadino. Ese día, mientras Juan Fernando ofrecía una de esas cachuchas típicas nortemericanas, Mr Giuliani (el empresario, ´la globalización´) que hacía un recorrido por la ciudad acompañado de todo un equipo de seguridad y del director general de la Policía Nacional, Rodolfo Palomino (el Estado), se detuvo en su estante y centró su mirada en una de las gorras que se han hecho muy populares por estos lares: la de los Yankees de New York.

Mr. Giuliani, complacido de ver, en sus palabras ¨que hasta en Medellín son admirados los Yankees¨, no vaciló en meter la mano a su bolsillo sacando un billete de cien dólares (que andan en alza...). Los extendió en su mano con el ánimo de perfeccionar una compra-venta con Juan Fernando, llevándose aquel la gorra, y quedándose este con los $ 255.000 que, con toda seguridad, algún placer o bienestar adicional le habrían permitido. 

No se sabe qué gesto hizo Juan Fernando, dice él que ninguno, y uno se imagina que probablemente ¨se le abrieron los ojos¨, como solemos decir. Se iba a hacer ahí la semanita de cuenta de aquel que, en términos de Boaventura de Sousa Santos, andaba globalizando un localismo (una política de seguridad urbana ultrarrepresiva, clasista, racista y patriarcal).

En ese mismo momento, sin embargo, el general Rodolfo Palomino (el Estado, repito), detuvo a Mr. Giuliani, invitándolo a regresar sus cien dólares a lo más profundo de su bolsillo y de su inconmensurable opulencia (¡¿confianza inversionista?!); sacó diez mil pesos, se los entregó a Juan Fernando e hizo feliz al mercenario del punitivismo trasnacional.

En fin, como dijo Juan Fernando: ¨Palomino, no dejó¨.

* * *

TE INVITAMOS A COMENTAR EL TEMA A PARTIR DE LAS PREGUNTAS QUE NOS PROPONE EL AUTOR:

1. ¿De qué manera, con la globalización neoliberal, se han reconfigurado las relaciones entre el Estado, el imperio y las clases subalternas?

2. ¿Cómo resistir en lo urbano a las presiones del punitivismo trasnacional?



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2 comentarios:

  1. Otro chiste del peor humor negro (que supera la fantasía para colarse en nuestra realidad) que pone de presente la manera como la globalización neoliberal reconfigura las relaciones entre el Estado, el imperio y las clases subalternas se presenta en las palabras expresadas por el Presidente Santos en la celebración de los 50 años de Augura afirmando que en el proceso de restitución de tierras se le garantizará la legítima propiedad a los empresarios, se judicializará a los despojados por acudir a vías de hecho, y se sacarán del proceso de restitución los predios tomados por estos reclamantes de tierras; todo esto a fin de evitar “que por las malas se vayan a colar o les vayan a quitar las tierras a sus legítimos dueños”, además de anunciar que se reformará la ley de baldíos para favorecer a los bananeros. http://wp.presidencia.gov.co/Noticias/2015/Abril/Paginas/20150420_09-Palabras-Presidente-Juan-Manuel-Santos-celebracion-50-de-Augura.aspx

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  2. En cuanto a la primera pregunta que plantea el autor, pienso que la globalización neoliberal ha traído consigo una visión del mundo que termina por violentar y despreciar a las clases subalternas, y es algo que se aprecia muy bien con la anécdota que nos relata. Se observa a un Estado que le importa más estar a los pies del imperio (empresario, globalización…) antes que atender las necesidades de los ciudadanos y sus pensamientos. En este caso, ¿dónde quedaron las explicaciones?, ¿podemos tolerar a un Estado que tan campantemente le dice con sus actos a las personas que sean libres en el mercado aunque tengan que acudir a las dificultades de la informalidad?, ¿podemos tolerarlo sabiendo que tantas veces le da primacía a unos intereses recubiertos y blindados por figuras jurídicas que en últimas son expresión de una voluntad política descarada?, ¿es más importante que funcione este modelo neoliberal a que seamos colombianos felices?, ¿cómo podría explicarnos sensatamente el Estado estas situaciones?

    Como dice el comentario anterior, es un chiste de humor negro que nace en la realidad… Gracias al autor por compartir tan simbólico suceso.

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